{"version":"1.0","provider_name":"Chastle World","provider_url":"https:\/\/www.miselli.org\/chastle","title":"Los encuentros de un caracol aventurero - Chastle World","type":"rich","width":600,"height":338,"html":"<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"3ngRDHz8Xm\"><a href=\"https:\/\/www.miselli.org\/chastle\/2016\/04\/22\/los-encuentros-de-un-caracol-aventurero\/\">Los encuentros de un caracol aventurero<\/a><\/blockquote><iframe sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" src=\"https:\/\/www.miselli.org\/chastle\/2016\/04\/22\/los-encuentros-de-un-caracol-aventurero\/embed\/#?secret=3ngRDHz8Xm\" width=\"600\" height=\"338\" title=\"&#8220;Los encuentros de un caracol aventurero&#8221; &#8212; Chastle World\" data-secret=\"3ngRDHz8Xm\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\" class=\"wp-embedded-content\"><\/iframe><script>\n\/*! This file is auto-generated *\/\n!function(d,l){\"use strict\";l.querySelector&&d.addEventListener&&\"undefined\"!=typeof URL&&(d.wp=d.wp||{},d.wp.receiveEmbedMessage||(d.wp.receiveEmbedMessage=function(e){var t=e.data;if((t||t.secret||t.message||t.value)&&!\/[^a-zA-Z0-9]\/.test(t.secret)){for(var s,r,n,a=l.querySelectorAll('iframe[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),o=l.querySelectorAll('blockquote[data-secret=\"'+t.secret+'\"]'),c=new RegExp(\"^https?:$\",\"i\"),i=0;i<o.length;i++)o[i].style.display=\"none\";for(i=0;i<a.length;i++)s=a[i],e.source===s.contentWindow&&(s.removeAttribute(\"style\"),\"height\"===t.message?(1e3<(r=parseInt(t.value,10))?r=1e3:~~r<200&&(r=200),s.height=r):\"link\"===t.message&&(r=new URL(s.getAttribute(\"src\")),n=new URL(t.value),c.test(n.protocol))&&n.host===r.host&&l.activeElement===s&&(d.top.location.href=t.value))}},d.addEventListener(\"message\",d.wp.receiveEmbedMessage,!1),l.addEventListener(\"DOMContentLoaded\",function(){for(var e,t,s=l.querySelectorAll(\"iframe.wp-embedded-content\"),r=0;r<s.length;r++)(t=(e=s[r]).getAttribute(\"data-secret\"))||(t=Math.random().toString(36).substring(2,12),e.src+=\"#?secret=\"+t,e.setAttribute(\"data-secret\",t)),e.contentWindow.postMessage({message:\"ready\",secret:t},\"*\")},!1)))}(window,document);\n\/\/# sourceURL=https:\/\/www.miselli.org\/chastle\/wp-includes\/js\/wp-embed.min.js\n<\/script>\n","description":"Hay dulzura infantil en la ma\u00f1ana quieta. Los \u00e1rboles extienden sus brazos a la tierra. Un vaho tembloroso cubre las sementeras, y las ara\u00f1as tienden sus caminos de seda -rayas al cristal limpio del aire-. En la alameda un manantial recita su canto entre las hierbas. Y el caracol, pac\u00edfico burgu\u00e9s de la vereda, ignorado y humilde, el paisaje contempla. La divina quietud de la Naturaleza le dio valor y fe, y olvidando las penas de su hogar, dese\u00f3 ver el fin de la senda. Ech\u00f3 a andar e internose en un bosque de yedras y de ortigas. En medio hab\u00eda dos ranas viejas que tomaban el sol, aburridas y enfermas. &#8220;Esos cantos modernos -murmuraba una de ellas- son in\u00fatiles&#8221;. &#8220;Todos, amiga -le contesta la otra rana, que estaba herida y casi ciega-. Cuando joven cre\u00eda que si al fin Dios oyera nuestro canto, tendr\u00eda compasi\u00f3n. Y mi ciencia, pues ya he vivido mucho, hace que no lo crea. Yo ya no canto m\u00e1s&#8230;&#8221; Las dos ranas se quejan pidiendo una limosna a una ranita nueva que pasa presumida apartando las hierbas. Ante el bosque sombr\u00edo el caracol se aterra. Quiere gritar. No puede. Las ranas se le acercan. &#8220;\u00bfEs una mariposa?&#8221;, dice la casi ciega. &#8220;Tiene dos cuernecitos -la otra rana contesta-. Es el caracol. \u00bfVienes, caracol, de otras tierras?&#8221; &#8220;Vengo de mi casa y quiero volverme muy pronto a ella&#8221;. &#8220;Es un bicho muy cobarde -exclama la rana ciega-. \u00bfNo cantas nunca?&#8221; &#8220;No canto&#8221;, dice el caracol. &#8220;\u00bfNi rezas?&#8221; &#8220;Tampoco: nunca aprend\u00ed&#8221;. &#8220;\u00bfNi crees en la vida eterna?&#8221; &#8220;\u00bfQu\u00e9 es eso? &#8220;Pues vivir siempre en el agua m\u00e1s serena, junto a una tierra florida que a un rico manjar sustenta&#8221;. &#8220;Cuando ni\u00f1o a m\u00ed me dijo un d\u00eda mi pobre abuela que al morirme yo me ir\u00eda sobre las hojas m\u00e1s tiernas de los \u00e1rboles m\u00e1s altos&#8221;. &#8220;Una hereje era tu abuela. La verdad te la decimos nosotras. Creer\u00e1s en ella&#8221;, dicen las ranas furiosas. &#8220;\u00bfPor qu\u00e9 quise ver la senda? -gime el caracol-. S\u00ed creo por siempre en la vida eterna que predic\u00e1is&#8230;&#8221; Las ranas, muy pensativas, se alejan. y el caracol, asustado, se va perdiendo en la selva. Las dos ranas mendigas como esfinges se quedan. Una de ellas pregunta: &#8220;\u00bfCrees t\u00fa en la vida eterna?&#8221; &#8220;Yo no&#8221;, dice muy triste la rana herida y ciega. &#8220;\u00bfPor qu\u00e9 hemos dicho, entonces, al caracol que crea?&#8221; &#8220;Por qu\u00e9&#8230; No s\u00e9 por qu\u00e9 -dice la rana ciega-. Me lleno de emoci\u00f3n al sentir la firmeza con que llaman mis hijos a Dios desde la acequia&#8230;&#8221; El pobre caracol vuelve atr\u00e1s. Ya en la senda un silencio ondulado mana de la alameda. Con un grupo de hormigas encarnadas se encuentra. Van muy alborotadas, arrastrando tras ellas a otra hormiga que tiene tronchadas las antenas. El caracol exclama: &#8220;Hormiguitas, paciencia. \u00bfPor qu\u00e9 as\u00ed maltrat\u00e1is a vuestra compa\u00f1era? Contadme lo que ha hecho. Yo juzgar\u00e9 en conciencia. Cu\u00e9ntalo t\u00fa, hormiguita&#8221;. La hormiga, medio muerta, dice muy tristemente &#8220;Yo he visto las estrellas.&#8221; &#8220;\u00bfQu\u00e9 son las estrellas?&#8221;, dicen las hormigas inquietas. Y el caracol pregunta pensativo: &#8220;\u00bfEstrellas?&#8221; &#8220;S\u00ed -repite la hormiga-, he visto las estrellas, sub\u00ed al \u00e1rbol m\u00e1s alto que tiene la alameda y vi miles de ojos dentro de mis tinieblas&#8221;. El caracol pregunta: &#8220;\u00bfPero qu\u00e9 son las estrellas?&#8221; &#8220;Son luces que llevamos sobre nuestra cabeza&#8221;. &#8220;Nosotras no las vemos&#8221;, las hormigas comentan. Y el caracol: &#8220;Mi vista s\u00f3lo alcanza a las hierbas.&#8221; Las hormigas exclaman moviendo sus antenas: &#8220;Te mataremos; eres perezosa y perversa. El trabajo es tu ley.&#8221; &#8220;Yo he visto a las estrellas&#8221;, dice la hormiga herida. Y el caracol sentencia: &#8220;Dejadla que se vaya. seguid vuestras faenas. Es f\u00e1cil que muy pronto ya rendida se muera&#8221;. Por el aire dulz\u00f3n ha cruzado una abeja. La hormiga, agonizando, huele la tarde inmensa, y dice: &#8220;Es la que viene a llevarme a una estrella&#8221;. Las dem\u00e1s hormiguitas huyen al verla muerta. El caracol suspira y aturdido se aleja lleno de confusi\u00f3n por lo eterno. &#8220;La senda no tiene fin -exclama-. Acaso a las estrellas se llegue por aqu\u00ed. Pero mi gran torpeza me impedir\u00e1 llegar. No hay que pensar en ellas&#8221;. Todo estaba brumoso de sol d\u00e9bil y niebla. Campanarios lejanos llaman gente a la iglesia, y el caracol, pac\u00edfico burgu\u00e9s de la vereda, aturdido e inquieto, el paisaje contempla. Granada, dicembre 1918 (Federico Garcia Lorca) Gli incontri di una lumaca avventurosa Che infantile dolcezza nel mattino quieto! Gli alberi protendono le loro braccia a terra. Un soffio tremulo ricopre le sementi, e i ragni distendono le loro strade di seta &#8211; raggi sul cristallo limpido dell\u2019aria &#8211; Nel viale una fonte recita il suo canto tra le erbe. E la lumaca, pacifico borghese della strada, ignorata nella sua umilt\u00e0, ammira il paesaggio. La divina quiete della natura le ha dato forza e fede, e dimenticando le pene della sua casa, volle vedere dove porta il sentiero. Cammina cammina, giunse cos\u00ec in un bosco di edere e di ortiche. In mezzo c\u2019erano due vecchie rane che prendevano il sole, annoiate e malate. \u201cQuesti canti moderni\u201d, bofonchiava una di quelle, \u201csono inutili\u201d. \u201cTutti, amica\u201d, le ribatte l\u2019altra rana che era ferita e quasi cieca. &#8220;Quand\u2019ero giovane credevo che se mai Dio sentisse il nostro canto, avrebbe piet\u00e0. La mia scienza, dal momento che sto al mondo da tanto mi vieta di crederlo. E ormai non canto pi\u00f9 \u2026&#8221; Le due rane si lamentano, chiedendo un\u2019elemosina a una ranocchietta che presuntuosa passa scostando l\u2019erba. La lumaca si ferma davanti al cupo bosco. Vuol gridare: Non pu\u00f2. Le rane si avvicinano. \u201cE\u2019 una farfalla?\u201d dice quella quasi cieca. \u201cHa due cornette\u201d ribatte l\u2019altra rana. \u201cE\u2019 la lumaca. Lumaca vieni da altre terre?\u201d, \u201cVengo da casa mia e voglio tornarci quanto prima.\u201d \u201cE\u2019 un verme assai codardo\u201d, esclama la rana cieca. \u201cNon canti pi\u00f9?\u201d \u201cNon canto\u201d, dice la lumaca. \u201cE non preghi?\u201d \u201cNeanche: non ho mai imparato.\u201d \u201cE non credi nella vita eterna?\u201d \u201cE che cos\u2019\u00e9?\u201d \u201cVivere sempre nell\u2019acqua pi\u00f9 limpida, vicino ad una terra ricca di fiori che offrano pascoli magnifici.\u201d \u201cQuand\u2019ero piccola un giorno la mia povera nonna mi disse che dopo la morte sarei finita sulle foglie pi\u00f9 tenere degli alberi pi\u00f9 alti.\u201d \u201cEra un\u2019eretica tua nonna. La verit\u00e0 \u00e9 la nostra. Dovrai credere a questa\u201d, dicono furiose le rane. \u201cPerch\u00e9 ho voluto vedere il sentiero?\u201d geme la lumaca. \u201cSi, credo per sempre a quella vita eterna che mi predicate \u2026\u201d Le rane, tutte pensierose, se ne vanno, e la lumaca, spaventata, s\u2019inoltra nella selva. Le due rane mendicanti restano come sfingi. Una domanda: \u201cCi credi alla vita eterna?\u201d \u201cIo no\u201d, dice triste triste la rana ferita e cieca. \u201cE perch\u00e9, allora, abbiamo detto alla lumaca che deve credere?\u201d \u201cPerch\u00e9 \u2026 Non so perch\u00e9\u201d, dice la rana cieca. \u201cHo un groppo alla gola quando sento con quanta fede i miei figli invocano Dio l\u00e0 nel canale \u2026\u201d La povera lumaca torna indietro. Si diffonde dal viale sul sentiero un silenzio ondulato. S\u2019incontra con un gruppo di formiche rosse. Sono tutte eccitate hanno un gran da fare per trascinare una compagna che ha le antenne rotte. La lumaca esclama: \u201cPazienza, formichette. Perch\u00e9 maltrattate cos\u00ec una vostra compagna? Ditemi cos\u2019ha fatto. Giudicher\u00f2 io in coscienza. Raccontalo, tu, formichetta.\u201d La formica mezza morta dice triste triste: \u201cHo visto le stelle\u201d \u201cCosa son le stelle?\u201d dicono le formiche inquiete. E la lumaca domanda pensierosa: \u201cStelle?\u201d \u201cSi\u201d, ripete la formica, \u201cHo visto le stelle, son salita sull\u2019albero pi\u00f9 alto del viale e ho visto mille occhi nelle tenebre.\u201d La lumaca domanda: \u201cMa cosa son le stelle?\u201d \u201cSono luci che portiamo sulla nostra testa\u201d. \u201cMa noi non le vediamo\u201d, commentan le formiche. E la lumaca: \u201d La mia vista non va pi\u00f9 in l\u00e0 dell\u2019erba.\u201d Agitando le antenne le formiche esclamano: \u201cTi ammazzeremo; sei perversa e pigra. La tua legge \u00e9 il lavoro\u201d. \u201cMa io ho visto le stelle\u201d; dice la formica ferita. Sentenzia la lumaca: \u201cLasciate che se ne vada, seguitate le vostre faccende. D\u2019altronde forse tra poco morir\u00e0\u201d. Nell\u2019aria dolce \u00e9 volata un\u2019ape. La formica in agonia avverte l\u2019immensa sera e dice: \u201cEcco chi viene a portarmi su una stella\u201d. Le altre formichette se ne vanno nel vederla morta. La lumaca sospira e stordita s\u2019allontana tutta confusa circa l\u2019eternit\u00e0. \u201cIl sentiero non ha fine\u201d, esclama. \u201cForse di qui si arriva alle stelle. Ma questa gran pigrizia mi impedir\u00e0 di giungerci. E\u2019 bene non pensarci pi\u00f9\u201d. Ogni cosa appariva soffusa di nebbia e sole pallido. Campane in lontananza invitano la gente in chiesa e la lumaca, pacifico borghese della strada, stordita ed irrequieta ammira il paesaggio."}